Der goldene Herbst

SchönbuchEl Schönbuch me extendió, nada más llegar,  la alfombra rojiza de millones de hojas caídas en los inicios del otoño y me invitó a zambullirme en sus profundidades, donde las setas, el silencio y otras imperceptibles cosas habitan con sigilo. Como en una apnéa dinámica me sumergí mirando al suelo, sin pensar. Tan sólo el crujir de hojas y más hojas bajo mis pies me concienciaban de que no nadaba, sino que andaba. Pero como si lo hiciese.  De la senda de mayor tamaño pasé a un “Kleine Weg”,  y desde el sendero me adentré en el bosque y llegué, imantado, hasta Bebenhausen. En este misterioso bosque todos los senderos parecen llevarme hasta allí. Un busardo, un grupo de arrendajos, unas gigantescas setas de chopo y el sonido intermitente de la lluvia sobre el techo del bosque me acompañaron en el trayecto. El Otoño tal cual.

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